Historieta Ameghino – 1

Hola, chicos, ¿cómo están? Me llamo Fernanda, vivo en Luján y soy estudiante de la carrera de Historia en la UNLu. No sé si decirles la verdad o no, ¡es todo tan raro! Van a pensar que estoy loca, pero yo necesito comunicarle a alguien lo que me está pasando. Se los voy a contar con una condición: tiene que ser un secreto entre nosotros. Todo comenzó cuando me incorporé al equipo de investigadores del PROARHEP. Estaba participando en una excavación en la casa de Florentino Ameghino y volvía muy cansada. Una noche me acosté y al ratito de dormirme sentí que me llamaban. Así se inició la serie de sueños más extraña que tuve en mi vida.

- ¡Señorita, eh, señorita, despiértese!
- Mmmm… qué…¿quién es?
- Soy yo, el señor Ameghino.
- ¡¿Quién?!
- ¡Ameghino, A-me-ghi-no, despiértese, caramba, que no tengo toda la noche!
- ¿Ameghino? ¿Florentino?
- El mismo.
- Pero, ¿cómo es posible?
- ¿Acaso hay algo todavía imposible en el siglo XXI? ¡Pensé que el hombre seguiría evolucionando, que para esta época ya estaríamos viviendo en la Luna!
- Ya estuvimos en la Luna, Florentino, pero no resultó.
- ¿Estuvimos? ¿Y qué pasó?
- Creo que hubo problemas de presupuesto en la NASA…
- ¿La NASA? ¿Y eso qué es?
- Ahhh, ¡ja, ja! ¡Lo agarré! ¡Sé algo que el sabio Ameghino no sabe, ja, ja!
- ¡A ver, muchacha, un poco de respeto, que puedo ser su tatarabuelo!
- Perdón, disculpe, es que todavía estoy medio dormida…
- Hace cien años que me fui de este mundo, no va a pretender que lea los diarios.
- Tiene razón, disculpe, por favor.
- Acepto la disculpa, ¡pero que no se repita esa impertinencia! No voy a hacer el esfuerzo de comunicarme con la gente del siglo XXI para escuchar los desatinos de una jovencita insolente.
- Está bien, pero si quiere comunicarse con nosotros tendrá que cambiar un poco sus costumbres. Ahora no somos tan formales, somos más…
- ¡Más frescos y más descarados!
- ¡Eh, Florentino, cálmese, no es para tanto, qué carácter!
- Bueno, bueno, vayamos al grano. ¿Sabe por qué estoy aquí?
- ¡No tengo la más pálida idea!
- Estoy aquí porque presentí que algo pasaba en la casa donde pasé mi infancia. Fui a ver y encontré que estaba toda la tierra del jardín revuelta, un desorden terrible, y había un grupo de gente trabajando alrededor. Me hizo recordar las excavaciones arqueológicas que yo solía hacer en mi juventud… Pero, ¿en mi casa? ¿Por qué?
- ¡Ay, Florentino, no sea modesto!
- Me intriga de verdad, ¿por qué en mi casa? ¿Hay un sitio arqueológico allí?
- ¡Su casa es el sitio arqueológico!
- ¡¿Cómo?! ¿Encontraron objetos hechos por los indios en el fondo de mi casa?
- ¡Noooo! ¡Nada que ver! Además, no es correcto llamarlos “indios”. Ahora decimos “pueblos originarios”
- ¿Pueblos originarios? Mmmm… Sí, me gusta ese término… Pero si no hay restos de pueblos originarios, ¿qué buscan allí?
- Le repito, su casa es el sitio arqueológico.
- ¡Explíqueme eso, por favor!
- A ver, ¿por dónde empiezo?
- ¡Por el principio, muchacha!
- ¡Ay, qué impaciente! El principio es usted.
- ¿Yo?
- Claro, usted nació en Luján.
- Creo que sí, pero fue hace tanto tiempo que ya no me acuerdo…
- ¡Qué mala memoria! Bueno, prosigamos… Usted es una personalidad muy importante en la historia de la ciencia argentina.
- Me va a hacer sonrojar…
- ¡Vamos, Florentino, no le creo! La cuestión es que, ahora, Luján tiene universidad propia.
- ¿En serio? ¡Qué noticia maravillosa! ¡Qué alegría!
- En esta universidad también se estudia Historia, y usted ya forma parte de la historia de nuestro país.
- Uy… eso me hace sentir muy viejo….
- ¡No sea tan coqueto, por favor! Présteme atención, necesito que siga mi explicación.
- La sigo, la sigo.
- Bien. La casa donde usted pasó su infancia es, por lo tanto, un lugar histórico y puede ser investigada por una rama de la arqueología conocida como “arqueología histórica”.
- ¡Qué interesante! Cuénteme algo más sobre la arqueología histórica.
- Se me ocurre algo mejor. Venga, le voy a mostrar un sitio de Internet.
- ¡Qué nombre raro! ¿Qué es eso?
- Ah, cierto, usted ni siquiera sabe qué es una computadora.
- ¿Una qué? Pero ¡hábleme en castellano, por favor!
- Es una palabra nueva para usted pero pertenece a nuestro idioma. Venga conmigo, no tenga miedo.
- ¿Miedo? ¡Florentino Ameghino no conoce el miedo, señorita!
- Está bien, está bien, no se ofenda. Pero le aseguro que cuando vea una computadora se va a quedar con la boca abierta.

Así fue que llevé a Florentino hasta mi escritorio, le mostré mi compu, y le hice leer algo sobre arqueología histórica. En ese momento sonó el despertador y terminó mi primer sueño.



Propuestas para el docente: trabajar sobre los conceptos de arqueología y arqueología histórica. Distinguir entre sitios arqueológicos prehistóricos e históricos.