Historieta Ameghino – 3

Una semana después del segundo sueño tuve el parcial y me fue bárbaro. Le estaba muy agradecida a Florentino porque, aunque sea en sueños, me había ayudado muchísimo con sus explicaciones. Quería encontrarme otra vez con él para darle las gracias “en persona”. Y mi deseo se cumplió, ya que a los pocos días soñé que estaba en la universidad, clasificando fragmentos de vidrio en el gabinete del PROARHEP, cuando llegó Ameghino.

-Buenas tardes, Fernanda, ¿como está?
-Muy bien, feliz de verlo nuevamente.
-¿Y a qué se debe su alegría?
-Tenía ganas de encontrarme con usted para agradecerle su ayuda. ¡Me fue muy bien en el parcial! Respondí todas las preguntas sobre paleontología.
-¡Qué buena noticia! Me pone muy contento que mis conocimientos sean de utilidad, después de tantos años.
-Bueno…, sí…, en verdad…
-A ver, ¿qué le pasa?
-Es que… tengo una duda.
-No dé tantas vueltas, pregúnteme.
-Toda la información que me dio es correcta, según los resultados de las últimas investigaciones. Pero cuando usted “se fue de este mundo” muchos de esos datos todavía no se conocían. ¿Cómo los supo?
-Muy sencillo, muchacha. Nuestros encuentros ocurren en el país de los sueños y aquí no hay límites de tiempo ni de espacio. Por eso puedo estar al tanto de todas las novedades que surgen en el ámbito científico, aun las más recientes.
-¿Y qué siente cuando un nuevo hallazgo indica que usted se equivocó en algún punto? ¿Se enoja?
-¡No! ¿Qué clase de científico sería si me enojara? Al contrario, me complace que la ciencia avance.
-Pero se dice que usted tenía un carácter fuerte, que era exigente y rezongón.
-Era exigente, sobre todo conmigo mismo. Como fui autodidacta, tuve que esforzarme al máximo para obtener prestigio como investigador.
-Florentino, no sé si preguntarle esto, pero… ¿cuál fue su peor metida de pata?
-Sostener que la especie humana se había originado en el continente americano.
-¡Uhh! ¿Cómo se le ocurrió semejante idea?
-Tal vez fui un poco arrogante. Imagínese, descubrir los ancestros del hombre moderno en nuestro país, en pleno auge del evolucionismo, o transformismo, como lo llamábamos en esa época.
-¡Hubiera sido un golazo, Florentino!
-¡Ja, ja, usted me hace reír, muchacha, con ese vocabulario!
-¿Por qué se equivocó tanto?
-Interpreté mal unos fósiles y, además, en ese tiempo los fechados no eran muy exactos. Tenga en cuenta que el método de carbono 14 recién comenzó a usarse en la década de 1950.
-¿Qué pasó con su teoría?
-Fue refutada durante el Congreso de Americanistas que se reunió en Buenos Aires en 1910.
-Un bajón, ¿no?
-¿Un bajón?
-Eh…una pena
-Y, sí… Fue un período malo. Murió mi madre, luego mi esposa…, mi teoría fue muy criticada… En fin, ya no tenía voluntad de vivir… y al año siguiente la enfermedad me venció.
-No hablemos más de esto, se está poniendo triste.
-De todos modos ya es tarde, me tengo que ir.
-Espere, le quiero mostrar algunas cosas que le van a devolver la sonrisa.
-Ahora no, en un minuto sonará el despertador y usted tendrá que levantarse. ¡No tenemos tiempo!
- Bueno, váyase, pero prométame que va a volver al gabinete, no se va a arrepentir.
-Está bien, se lo prometo.



Propuestas para el docente: trabajar sobre la biografía de Florentino Ameghino y las teorías científicas de su época.